| 22 de marzo de 2005.- Ni la lluvia ni el retraso de casi una hora del cantante Lenny Kravitz impidieron que una masa de medio millón de personas esperara pacientemente, en la playa brasileña de Copacabana, para la presentación gratuita del estadounidense.
La noche fue calurosa y la lluvia trajo la humedad. El tráfico era caótico. Pero bien valió la pena. Kravitz interpretó 19 canciones entre viejos y nuevos éxitos. El tema religioso también estuvo presente. El chico definió su espectáculo como una "iglesia eléctrica" y pidió al público cantar "para el creador" su canción "Let love rule" (Deje el amor reinar). Un órgano de iglesia decoraba el fondo del escenario.
Kravitz agitó a la masa cada segundo de las dos horas que duró el concierto. No dejó de bailar y pedía a los brasileños que tampoco lo hicieran.
Como en todas sus presentaciones, además de la música, la vestimenta también hizo parte del espectáculo. En la primera canción se despojó de la capa negra que lo cubría y en el último bis, se arrancó la camiseta para arrojarla al público mientras daba las gracias en portugués y clamaba "peace". |