| 6 de noviembre de 2003.- Un neurólogo británico y un pintor español han demostrado que, a través de la pintura, se puede reflejar el alma de aquellos que aparentemente no pueden expresar sus sentimientos con el rostro, a causa de la parálisis facial conocida como síndrome de Moebius.
El experimento, aplicado por el médico Jonathan Cole y el pintor Alfredo Fernández, ha ilustrado que la máxima de que el rostro es el espejo del alma también vale en el caso de la joven británica Henrietta Spalding, que padece una parálisis facial congénita conocida como síndrome de Moebius.
Ante un público compuesto por una veintena de estudiantes europeos de medicina, Spalding posó en dos ocasiones en un mismo día para Fernández, artista español afincado en Berlín que se vio por primera vez ante el reto de intentar recoger la expresión de alguien que aparentemente no tiene ninguna.
"Lo increíble es que sí tiene expresión, por ejemplo el miedo a lo que viene", explicó el pintor a EFE en referencia a las expectativas o la curiosidad de su modelo ante el aspecto final de cada uno de los retratos.
El público coincidió en que el primer retrato presentaba una expresión más difusa que el segundo, y dos horas no fueron suficientes para comentar los dibujos, expresión pictórica de un "alma" que sólo en apariencia carece de expresión en el rostro de la joven.
El síndrome en cuestión, descrito por primera vez en 1888 por el médico alemán Paul Julius Moebius, es una enfermedad neurológica congénita extremadamente rara, que se caracteriza por una parálisis facial que impide al paciente sonreír, reír, fruncir el ceño, guiñar los ojos o moverlos de lado a lado.
La paralización de los nervios cerebrales sexto y séptimo, que no están suficientemente desarrollados, es la causa del síndrome, que a veces comporta deformaciones en otras partes del cuerpo y dificultades en el habla.
Henrietta Spalding no presenta ninguno de estos dos últimos síntomas.
Cuando Cole le preguntó si veía algún tipo de sentimiento en el dibujo, ella respondió que "instintivamente, no veo emociones en mi cara", pero que en ambos retratos "me veo a mí, veo mi aspecto físico, contrastes, texturas, estoy mirando intensamente".
Cole es autor de "About the Face" ("Del rostro", Alba Editorial), un libro en el que examina experiencias de personas a quienes una enfermedad limita de un modo u otro la capacidad de expresión facial, como es el caso de la ceguera, el autismo, el Parkinson o el síndrome de Moebius.
En el libro, Cole sostiene que "la expresión facial existe en algún lugar equidistante entre lo mental y lo físico. La cara, más allá de expresar simplemente estados interiores, afecta realmente a la vida emocional a través de la importancia que tiene en la relación con los demás", como se pudo ver en el experimento.
"La gente extrae una interpretación determinada de las caras más famosas de Gran Bretaña, como Lady Di o David Beckham", explicó este neurólogo de la Universidad de Southampton, quien añadió que "lo que vemos es una reacción de comunicación emocional".
"De niña sabía que tenía expresiones, pero no podía expresarlas. Tocaba el piano. Era la única manera de comunicarme, fue una liberación de mis emociones. Pero uno no puede llevarse un piano a todas partes, no es práctico", explicó Spalding, que no renuncia al humor a la hora de explicar su caso.
Spalding estudió humanidades y ling7/8ística, disciplinas que le permitieron "incorporar la inflexión, el tono y el volumen de la voz a la expresión de las emociones", además del lenguaje corporal. "`Si estoy frustrada o enfadada, os lo voy a decir!", advierte.
A veces, la gente se muestra "insegura o nerviosa" al constatar que no puede ver sus emociones, y "entonces se preguntan si soy estúpida o no entiendo o estoy pensando en otra cosa", cuenta Spalding con una dicción y una pronunciación clarísimas.
"Por supuesto que presto atención a las caras, pero he desarrollado una atención a otro tipo de mensajes", una sensibilidad que a ella le gustaría ver más extendida en la sociedad.
La diferencia más notable entre los retratos de Fernández y el rostro de Spalding reside quizás en los ojos, mucho más grandes en el dibujo. La joven no se refirió a ese rasgo, en el que el pintor quizás adivinó la "ventana" a su alma, pero en otro momento comentó que "me han dicho que mis ojos son muy expresivos. No lo sé". |